EL
PADRE, EL HIJO Y EL ASNO
Un hombre y su hijo iniciaron un viaje llevando consigo un
borrico al que subió el pequeño.
Era un día en que la belleza del paisaje resaltada por lo
amarillentos rayos de sol había generado
entre padre he hijo un clima de optimismo y bienestar, cuando al cruzarse con
unos arrieros les oyeron decir:
Fijaros como son los chicos de hoy. Mientras él va
montado en el asno su pobre padre tiene que ir andando.
Los jóvenes de hoy son muy
comodones - decían otros-
Padre he hijo, después de escuchar a los arrieros,
decidieron que sería mejor que el
chico se bajara del jumento y en su
lugar se subiera el padre para así evitar las críticas de cuantos se cruzaran
en su camino. Así lo hicieron pero poco
tiempo después oían a otros decir:
Vaya padre. Él montado
en el borrico y el niño andando.
Con el fin de ahorrarse las críticas decidieron subirse los
dos sobre el asno, cosa que hicieron al alejarse de los que hacían tales
comentarios.
Se equivocaron al pensarlo, porque al cruzar el próximo
pueblo escuchaban a los vecinos comentar
desde sus balcones:
Veis lo mismos que nosotros.
Y tanto que si - respondían otros -. Dos personas sobre ese
desgraciado burro. ¡Ya no hay respeto por los animales!
¡Donde vamos a llegar! decían otros.
Entre tantas críticas adversas una señora se atrevió a
sugerir:
En vez de ir los dos sobre el jumento, tendríais que llevarlo
vosotros a él sobre vuestros hombros.
Una vez pasado el pueblo se bajaron del borrico y se
sentaron sobre unas piedras al lado del camino atolondrados y sin saber que
hacer y, aunque la recomendación de la señora les parecía descabellada, no
encontrando una solución que pudiese satisfacer a todos, no descartaban
realizarla si fuera posible.
Reanudaron el camino los dos a pié, uno delante y otro
detrás del animal, el cual mostraba un aparente cansancio que les hacia pensar
que quizás tendría razón la señora.
Al cabo de cierto tiempo,
atormentados por las dudas que les habían causado tantos comentarios en
contra, decidieron la difícil acción de ponerse el borrico sobre
sus hombros para lo que comenzaron a inmovilizarlo sobre un palo con unas
cuerdas. La fuerte resistencia del animal, que no entendía las maniobras de sus
dueños, les jugó una mala pasada que
terminó siendo perjudicial para ellos y su borrico. Así en el intento por ponérselo
a los hombros y los esfuerzos del pobre asno por liberarse éste rodó por un
despeñadero hasta el cauce de un río en el que se ahogó sin remedio.
Padre he hijo se quedaron muy tristes y desconsolados al
comprobar el resultado tan catastrófico a que habían llegado por querer
complacer a todos.

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