LA CABRA Y LOS CABRITOS
(Adaptación libre, por Tomás Martín
Cifuentes, de un cuento popular)
En una cueva de la montaña vivía una cabra con sus cabritos y todos los días la cabra había de salir a comer y comer para poder alimentar a sus cabritos con su leche. Y eso fue lo que hizo aquel día.
En una cueva de la montaña vivía una cabra con sus cabritos y todos los días la cabra había de salir a comer y comer para poder alimentar a sus cabritos con su leche. Y eso fue lo que hizo aquel día.
A la hora de marchar, la madre dijo a sus
cabritillos:
Mientras yo esté fuera no le abráis la
puerta a nadie. Y No olvidéis que el malvado lobo está deseoso de darse un
festín a costa de vosotros.
No te
preocupes mamá que la puerta no se abrirá hasta que tú vuelvas.
Pues así me voy más tranquila.
La cabra salió de la cueva, cerró la puerta y pidió a sus cabritos que
atrancaran por dentro, lo que ellos hicieron enseguida.
El lobo que estado vigilando, cuando vio que la cabra
marchaba, dejó pasar el tiempo suficiente para que los cabritos creyeran que ya
debería volver su madre, se acercó a la puerta de la cueva para decir.
Abrir hijos míos que soy vuestra madre.
Los cabritos le respondieron:
Tú no
eres nuestra madre porque nuestra madre tiene la voz más fina.
El lobo se marchó corriendo hasta una
granja, donde robó una docena de huevos
y se los tomó para que le aclararan la voz. Y con la voz más fina volvió a la
puerta de la cueva para decir:
Abrir hijos míos que soy vuestra madre.
Y uno de los cabritos que estaba mirando
por un pequeño agujero de la puerta contestó:
Tú no eres nuestra madre porque nuestra
madre tiene las patas blancas y tú las tienes muy negras.
El lobo marchó corriendo hasta un
molino y
se revolcó en harina hasta quedar totalmente blanco para volver a la puerta de la cueva para decir:
Abrir hijos míos que soy vuestra madre.
En aquel momento, los cabritos creyeron
que era su madre y abrieron la puerta al malvado lobo que se los tragó enteros
a todos menos el pequeñín que se escondió donde el lobo no pudo verlo.
Con la barriga llena de cabritos el lobo
se fue hasta la orilla del lago para beber agua y tumbarse a reposar el atracón
de cabritos.
En tanto la cabra había vuelto de su
comida diaria y encontró al cabrito pequeño muy asustado que le contó lo que
había sucedido con sus hermanos por el malvado lobo.
La cabra dejó al cabritillo en la cueva y
con unas tijeras, una aguja e hilo gramante se fue a buscar al lobo que pronto
lo encontró tumbado y durmiendo junto al lago.
La cabra sin pensarlo ni un momento sacó
las tijeras y rajó la barriga de lobo y sacó a los cabritos que aun respiraban.
Y, como el lobo permanecía dormido, llenó su barriga de piedras y la cosió.
Mientras la cabra hablaba con su cabritillos
de lo ocurrido, el lobo se despertó diciendo:
Qué sed tengo. Voy a beber agua.
Pero cuando se acercaba al lago para
beber las piedras tiraron de él llevándolo hasta el fondo del lago donde se
ahogó.
La cabra y los cabritos, al ver como el lobo se ahogaba en
el lago marcharon muy contentos hasta la cueva donde esperaba su hermanito
pequeño para celebrarlo por todo lo alto, recordando que en adelante podrían
vivir felices y sin miedo al malvado lobo que reposaba en el fondo del lago.

No hay comentarios:
Publicar un comentario