LA
CIGARRA Y LA HORMIGA
Adaptación libre, por Tomás Martín Cifuentes, de un cuento popular)
Era un verano muy caluroso y, como suele suceder cuando el
calor aprieta, por los cortijos del cerro las cigarras disfrutaban cantando y
cantando al sol que es su ocupación favorita, poniéndose cada día más negras y
divirtiéndose con sus conciertos de canto, aunque algunos dicen que a quien
divierten es al pasajero, no faltando los que discrepan de tal afirmación argumentando
que su canto molesta antes que produce placer. No nos vamos a enredar en
descubrir cual de las afirmaciones es más cierta, pero lo que no admite
discusión es que las cigarras pasan el día cantando y hasta algunas horas en
aquellas noches que nosotros no podemos dormir por el exceso de calor.
Había un arbusto en el que cantaba una cigarra llamada
Alegría y, justo debajo de el una colonia de hormigas habían cavado un
hormiguero para almacenar toda clase de alimentos para los días de invierno.
Alegría en su canto y diversión se reía del esfuerzo de las
hormigas diciendo:
Que vida más dura la de estas hormigas. Siempre caminar y
caminar y, casi siempre, cargadas.
Las hormigas seguían su trabajo, no sabemos si divertidas
con el canto de la cigarra o quizá aburridas por la repetición del mismo pero satisfechas,
a pesar del esfuerzo, al comprobar como su almacén se iba llenando de sabrosas
semillas. Así pasaron todo el verano y parte del otoño hasta que la temperatura
comenzó a descender, el viento a soplar y unos nubarrones amenazaban con
lluvia. Las previsoras hormigas se metieron en el hormiguero para resguardarse
de la climatología adversa, sabiendo que tenían abundante comida para todo el
invierno.
Las cigarras desorientadas volaban de un lado para otro sin
saber que hacer. Alegría se acordó de las hormigas que veía trabajar mientras
ella cantaba y quizá había divertido.
Lo mejor será pedirles consejo asomándome a su hormiguero:
Vosotras que sois tan listas
decirme ¿Qué debo hacer para
soportar el mal tiempo que se avecina?
Se asomó a la entrada del hormiguero la portavoz de las
ormigas para decirle:
Es tarde para pedir consejos y, como no cabes en nuestro
hormiguero y tampoco te serviría nuestra comida, debes emprender el vuelo hacia
tierras más templadas inmediatamente.
La cigarra de nuestro cuento, se marchó volando hacia la
costa pero no pudo llegar a su destino, porque un viento huracanado acompañado
de granizos, la lanzó contra el suelo don pereció.
La historia de la hormiga y la cigarra nos enseñan a ser
previsores y trabajar pensando en el futuro, renunciando, muchas veces, al
bienestar inmediato y posponer el disfrute y la satisfacción en bien de los
días venideros tanto para nosotros como para otros seres que se puedan
beneficiar de nuestra correcta actuación.

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