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miércoles, 24 de junio de 2015

VIAJE POR EL MEDITERRÁNEO Y CENTRO

 
VIAJE POR EL MEDITERRANEO Y CETRO DE ESPAÑA
 

 Tanto el señor Ricardo como Soledad empezaron a comentar que estaría bien hacer otro viaje, pero de forma que el recorrido máximo para un día fuera entre 200 ó 300 kms. Me lo decían para que yo me ofreciera a acompañarles sin tenérmelo que pedir.

Lo cierto era que a mí no me disgustaba la idea, teniendo como referencia el viaje anterior, cuando fuimos a la aventura y salimos airosos de cuantos contratiempos se nos presentaron.

Para darles más confianza le transmití mi deseo de acompañarles cuando quisieran y adonde les pareciera bien.

Con esa premisa fueron madurando la idea hasta fijar el mes de mayo para hacerlo, pero con el día de comienzo por concretar.

Como aperitivo de aquel viaje el señor programó un desplazamiento a Gerona para visitar una hermana suya que hacía años que no la veía, con tan mala fortuna que unos días antes de aquella visita comencé a sentir unos vértigos que me tenían preocupado, aunque yo no quería decirles nada por temor a que se lo tomaran como excusa para no llevarles. Pero claro, las cosas se pueden ocultar hasta cierto punto y como yo no me sentía seguro de ponerme en carretera conduciendo con aquellos vértigos tuve que comunicarles mi indisposición para conducir el coche hasta Gerona, lo cual les sentó muy mal. Al señor porque su hermana nos esperaba y los vértigos del conductor podían sonar a excusa y  Soledad quiso ver un mal presagio para el gran viaje.
 

Unos días después de  aquella indisposición volví a los paseos diarios con el señor, aunque preocupadísimo porque el día señalado para el inicio del viaje se acercaba y yo  no acababa  con los vértigos y sufría el aumento de la presión arterial que acentuaba mis temores hasta el punto, que no sabremos si aumentaba la presión por mis temores o aumentaba mi temor por la presión. No saben ustedes cuantas veces al día me hacía comprobar la presión por las farmacias que pasaba. Estaba nervioso y ello por si solo, podía mantener la presión en las nubes.
 
Irremisiblemente el día llegó e iniciamos el viaje dirección a Castellón, donde hicimos el recorrido acostumbrado y comimos en aquel restaurante del puerto que los lectores que nos acompañan ya conocen.

Creo sinceramente que comimos demasiado. Aquello de paguen tanto y consuman cuanto quieran no es beneficioso para la salud, porque si se da el caso, y allí se daba, que la comida es variada, de máxima calidad, bien condimentada y de excelente presentación; el que más y el que menos se pasa.
 
Nosotros pesados por el exceso comentado, salimos del establecimiento para regresar al coche que, por suerte estaba situado a la sombra, lo que aprovechó el señor para hacer una cabezadita, mientras nosotros dábamos una vuelta para mirar un poco todo aquello y hacer tiempo.

 
Pasado la siesta del Jefe marchamos dirección a Valencia, donde encontramos alojamiento en el primer hotel que nos acercamos, quedando cada uno en su habitación con el acuerdo de salir a dar una vuelta, aunque no a cenar por la resaca del puerto de Castellón.

No habían pasado 15 minutos cuando Soledad picaba en la puerta de mi habitación diciéndome: Tomás. Tomás sal enseguida que el señor Ricardo se encuentra mal.

No podía ser que todo fuera bien, la indisposición de Jefe empezaba a complicar la situación.

Nos reunimos en la habitación del Jefe y comenzamos a tratar lo que  debíamos hacer. El señor Ricardo estaba mareado y con una taquicardia evidente. En esta situación decidimos llamar por teléfono a su médico del corazón y comentarle lo sucedido, esperando que él nos dijera que tipo de medicamento deberíamos administrarle.

La decisión fue la acertada, porque a indicación del médico se tomó unas pastillas que ya llevaba consigo para casos como aquel, y el día siguiente ya se encontraba bastante mejor, lo que nos permitió continuar el viaje dirección a Alicante, haciendo parada en Calpe para ver el Peñón de Ifach y su puerto pesquero, donde la llegada de un barco arrastrando sus redes repletas de peces hacía revolotear a su alrededor las gaviotas para disputarse los peces que se escapaban.
Subasta de pescado

Después presenciamos la subasta del pescado, en tanto que yo volví a sentir aquellos vértigos que había dejado en Barcelona y con ellos de nuevo mi preocupación, aunque disimulé cuanto pude para no transmitir mi temor a los acompañantes.

Comimos algo tan ligero como unos lenguados a la plancha acabados de pescar y de postres unos helados. El señor nos pidió que le dejásemos en el coche a la sombra un ratito para reposar y nosotros recorrimos todo aquello, en tanto los síntomas de vértigo me fueron desapareciendo para mi tranquilidad y bien del viaje.

Aproximadamente a las cuatro de la tarde salimos para Alicante, donde encontramos alojamiento con facilidad. El señor nos dijo que no quería cenar nada, por lo que, salvo complicación, hasta el día siguiente a las diez. Yo salí a dar un vistazo por los alrededores del hotel, entrando en una cafetería para tomar una cosa ligera. Y mientras lo hacía escuchaba a los vecinos de barra comentar sobre un mitin del PP del que acababa de venir uno de ellos, que entusiasmado decía:
Nos hemos reunido más de 15.000 personas para escuchar a Aznar, Federico Trillo y otros. Mientras otro preguntaba:  Pero ¿esto tú te lo crees?
Hombre –le contesto-
“Yo tengo la obligación de creérmelo porque estoy metido en esto”.
Sepan ustedes que para mi creer por obligación no es razonable, además de resultar poco convincente para los demás.

Al día siguiente andamos por el bonito paseo marítimo de Alicante donde pudimos contemplar,  unos árboles gigantes que nos llamaron la atención.
 
Árbol en el Paseo Marítimo de Alicante
 
Después nos dirigirnos a Elche y recrearnos con la visita al “Huerto del Cura”, jardín botánico donde sobresalen las palmeras y los cactus.
 
 
Huerto del Cura en Elche
 
 Siguiendo para Murcia con la intención de comer en el restaurante "Casa Pepe" lo que no  pudimos realizar, no se si porque no había mesa libre o  porque nuestra indumentaria no encajaba en la categoría del establecimiento, parcialmente ocupado, aquel día, por los parlamentarios de la Comunidad Autónoma de Murcia.
 
Restaurante Casa Pepe

 
Como el señor Siscar dijo a la persona que nos atendió que tenía interés en comer allí porque le traía recuerdos de una comida junto a su esposa y para que nosotros lo viéramos.

 Para satisfacer nuestra curiosidad nos enseñaron las diferentes salas y dependencias  exceptuando la que ocupaba el Gobierno y Parlamento de Murcia, enviándonos para comer a otro establecimiento de Casa Pepe, más  tipo comida rápida.

El recorrido por las principales calles de la ciudad nos ocupó más tiempo del que en principio esperábamos, por lo que nos vimos obligados a acortar el recorrido de tarde y hacer noche en el Puerto de Lumbreras, alojándonos en un hotel cuyos dueños eran muy aficionados al Barcelona Club de Fútbol, a juzgar por la cantidad de carteles que había por las paredes.
Al día siguiente salimos para Almería a la que llegamos a media mañana, alojándonos en el primer hotel al que preguntamos, disponiendo también de aparcamiento  que daba tranquilidad. Salimos a recorrer el Paseo Principal de la ciudad y nos sentamos en uno de los muchos chiringuitos para tomar unas bebidas y descansar un poco. Siguiendo después por el Paseo, terminamos comiendo en un restaurante que como a turistas nos querían tomar el pelo. Se trataba que para amenizar la espera nos sirvieron un aperitivo, con cuatro olivas y poco más, sin que lo hubiéramos pedido y cual fue nuestra sorpresa al verlo incluido en la factura junto a un zumo de naranja que no habíamos tomado.

Muralla en Almería

Al día siguiente bonito recorrido bordeando el mar y haciendo parada para comer en Torre del Mar, siguiendo después hasta Málaga donde nos alojamos, permaneciendo en las habitaciones hasta caída la tarde en que salimos a  la ciudad en un coche de caballos, que recordaba mi viaje de boda,  por lo que les dije:

- Les quiero contar una anécdota de mi viaje de bodas realizado en tren desde Granada, con la coincidencia que en el mismo departamento venía otra pareja de recién casados, frente a  nosotros, y como estas situaciones se notan nos saludamos y confirmamos que ambas parejas hacíamos viaje de bodas. Ellos nos dijeron que no tenían reservas donde pernotar, pero que ya encontrarían algo en Málaga, animándonos que fuéramos juntos para compartir la dicha de lo que los cuatro celebrábamos. Nosotros, por vergüenza, no nos atrevimos a decirles que buscaríamos una pensión, llamada “La Alegría del Barrio”. Así que compartimos  un coche de caballos con la indicación que nos llevara a un céntrico hotel.
 


Era bonito desplazarnos en coche de caballos por las calles de Málaga dos parejas de enamorados hasta el Hotel Continental, donde un botones nos llevaba las maletas y nos trataba de señores. Las habitaciones con baño y teléfono resultaban un sueño para nosotros que veníamos de un pueblo donde estas comodidades brillaban por su ausencia. Vivíamos un  cuento de hadas cuando nos decían: ¡Pasen los señores al comedor!. Y cuando degustábamos mermeladas y mantequilla que no habíamos visto nunca. Salíamos a pasear con la otra pareja e incluso hicimos una visita a Torremolinos.


Todo marchaba bien hasta que un día comenzamos a hacer cuentas de lo que nos estaba costando aquel sueño, descubriendo que era demasiado caro para lo que nosotros podíamos permitirnos, por lo que decidimos trasladarnos a una pensión donde nuestra ilusión calló por los suelos hasta tal punto que al día siguiente adelantamos el regreso por la costa para visitar las Cuevas de Nerja.


¡Que bonito! -dijo Soledad- Lastima del último día, pero de todos modos ¿quien os quitaba lo bailao?


Mientras yo les contaba aquella anécdota, el coche de caballos seguía recorriendo lo que se enseña a los turistas para dejarnos en una cafetería cerca del hotel donde hicimos una ligerísima cena y a las habitaciones. Sucedió que a la media noche comencé a oír ruido de agua cayendo sin parar y, después de esperar un tiempo prudenciar, llamé por teléfono a conserjería para  decírselo:

La contestación era que en la habitación de arriba había un cliente que no debía despertar.

- Yo también soy cliente y estoy soportando el ruido, además del sentimiento por el agua que se está derramando cuando sufrimos un año de escasez.

Ya veremos que se puede hacer –terminó diciendo- pero el ruido del agua me acompañó todo lo que restaba de noche.


Al día siguiente nos dirigimos a Algeciras donde comimos muy bien a base de pescado y después de comer volvimos atrás con la intención de entrar en Gibraltar, pero eran tantas las personas que esperaban en la Verja que nos hizo desistir de ello, encaminándonos para Cádiz, donde visitamos varios hoteles sin que ninguno de ellos recibiera el visto bueno del Sr. Siscar, por lo que decidió que marcháramos para Jerez, aunque ya era  de noche.

Soledad y yo mostrábamos descontento por la exigencia del Jefe a la hora de aceptar donde quedarnos, aunque sin pronunciar palabra, para después hacernos marchar a la aventura con la noche por compañera.


Como el señor nos veía tan contrariados decidió que parásemos en un garito de carretera de lo más extraño que habíamos visto. La televisión no se podía ver por deficiencia de imagen, la luz eléctrica apenas alumbraba y para comer nada de nada. Eso si, nos dijeron que podíamos acercarnos a una urbanización próxima donde había bares y hamburgueserías.

=Pues vamos –dijo el Jefe- ¡Quien le ha visto y quien la ve! –decíamos nosotros-


El señor se envalentonó de tal forma que parecía que buscaba marcha de bar en bar, desplazándonos entre la obscuridad de la noche. Por fin le pareció bien que nos quedásemos en un bar de juventud para tomar unos sanwis de jamón y queso, y a la hora de pagar, en medio de tantos jóvenes, sacaba el manojo de billetes y, ante el peligro de robo le aconsejé guardar sin hacerme puñetero caso. Parecía como si aquella noche deseara encontrar un desenlace desagradable.


Días después me hacía bromas con aquello de “guarde los dineros que nos pone en peligro a todos”.


Al día siguiente, pasando por Jerez llegamos a Sevilla donde no había alojamiento por estarse celebrando la Feria de Abril en los primeros días de mayo.


Como en Málaga nos había ido bien repetimos el paseo en coche de caballos por los lugares más típicos como: cerca de La Giralda, el Parque de María Luisa, la Torre del Oro y L Giralda, por lo que recité:


En Sevilla un Usurero

Se tiro de la Giralda

Y al contemplar el suceso

Dijo una gitana.

¿A que no saben ustedes porque se tiro el Usurero?

¿Por qué? Dínoslo tú. ¿Por qué?

Porque desde aquella altura

Vio una peseta en el suelo.


Preguntado al cochero por un buen establecimiento para comer, nos aconsejaba uno que decía estar muy cerca, pero el Jefe quiso saber más preguntando:

= ¿Sabe usted si tienen carta?

Lo que yo se –contestó el cochero- es que tienen buena comida: Paella, pescadito frito…y que la carta no se come.


No comimos donde nos aconsejaba el cochero, pero en otro establecimiento terminamos comiendo bien. Y finalmente nos desplazamos a Córdoba para dormir.


De la ciudad de Córdoba destacamos la visita a la Mezquita, para marchar dirección a Ciudad Real con parada para comer en Valdepeñas, tierra de viñas y vinos donde los haya, cuyos organismos competentes trabajan por hacer vinos de la calidad que el consumidor actual demanda y la consolidación de un prestigio que les permita una exitosa comercialización.


La diferencia de temperaturas con Jerez, tierra de otros vinos, nos lo indica que  mientras en Jerez ya estaban brotadas, por las llanuras de la Mancha aún permanecían en el sueño invernal.


En Ciudad Real hicimos noche y el recorrido por ella no nos recuerda nada que merezca ser destacado, quizá porque no lo supimos ver o por que no exista lo que a los visitantes gusta mirar. Y reanudamos el viaje para Toledo, ciudad de raigambre castellana por sus edificios y sus gentes, aunque  sólo visitamos las calles más céntricas y contemplamos sus edificios  emblemáticos, que  recuerdan su pasado esplendoroso.


El desplazamiento a Madrid con parada en un restaurante de carretera, en el que se veían camiones aparcados, por aquello que se dice: “donde paran muchos camioneros es buen sitio para comer”, aunque en algunos de estos establecimientos tienen comedores separados y a los no camioneros nos indican a donde está algo mejor presentado, pero a precio más elevado. Allí comimos bien y a precio razonable.



La estancia en Madrid responde a lo que se contó del viaje anterior e igual diremos de Zaragoza, resaltando de esta última parte del viaje una comida en Calatayud y otra realizada

MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMnzaron, tanto el señor Ricardo como Soledad, a comentar que estaría bien hacer otro viaje, pero de forma que el recorrido máximo para un día fuera entre 200 ó 300 kms. Me lo decían para que yo me ofreciera a acompañarles sin tenérmelo que pedir.

Lo cierto era que a mí no me disgustaba la idea, teniendo como referencia el viaje anterior, cuando fuimos a la aventura y salimos airosos de cuantos contratiempos se nos presentaron.

Para darles más confianza le transmití mi deseo de acompañarles cuando quisieran y adonde les pareciera bien.


Con esta premisa fueron madurando la idea hasta fijar el mes de mayo para hacerlo, pero con el día de comienzo por concretar.

Como aperitivo de aquel viaje el señor programó un desplazamiento a Gerona para visitar una hermana suya que hacía años que no la veía, con tan mala fortuna que unos días antes de aquella visita comencé a sentir unos vértigos que me tenían preocupado, aunque yo no quería decirles nada por temor a que se lo tomaran como excusa para no llevarles. Pero claro, las cosas se pueden ocultar hasta cierto punto y como yo no me sentía seguro de ponerme en carretera conduciendo con aquellos vértigos tuve que comunicarles mi indisposición para conducir el coche hasta Gerona, lo cual les sentó muy mal. Al señor porque su hermana nos esperaba y los vértigos del conductor podían sonar a excusa y  Soledad quiso ver un mal presagio para el gran viaje ya planificado.


Pasados unos días fui mejorando de aquella indisposición y volví a los paseos diarios con el señor, aunque preocupadísimo porque el día señalado para el inicio del viaje se acercaba,  no acababa  con los vértigos y sufría el aumento de la presión arterial que acentuaba mis temores hasta el punto, que no sabremos si aumentaba la presión por mis temores o aumentaba mi temor por la presión. No saben ustedes cuantas veces al día me hacía comprobar la presión por las farmacias que pasaba. Estaba nervioso y ello por si solo, podía mantener la presión en las nuves.


Irremisiblemente el día llegó e iniciamos el viaje dirección a Castellón, donde hicimos el recorrido acostumbrado y comimos en aquel restaurante del puerto que los lectores que nos acompañan ya conocen.

Creo sinceramente que comimos demasiado. Aquello de paguen tanto y consuman cuanto quieran no es beneficioso para la salud, porque si se da el caso, y allí se daba, que la comida es variada, de máxima calidad, bien condimentada y de excelente presentación; el que más y el que menos se pasa.


Nosotros pesados por el exceso comentado, salimos del establecimiento para regresar al coche que, por suerte estaba situado a la sombra, lo que aprovechó el señor para hacer una cabezadita, mientras nosotros dábamos una vuelta para mirar un poco todo aquello y hacer tiempo.


Pasado la siesta del Jefe marchamos dirección a Valencia, donde encontramos alojamiento en el primer hotel que nos acercamos, quedando cada uno en su habitación con el acuerdo de salir a dar una vuelta, aunque no a cenar por la resaca del puerto de Castellón.

No habían pasado 15 minutos cuando Soledad picaba en la puerta de mi habitación diciéndome: Tomás. Tomás sal enseguida que el señor Ricardo se encuentra mal.

No podía ser que todo fuera bien, la indisposición de Jefe empezaba a complicar la situación.


Nos reunimos en la habitación del Jefe y comenzamos a comentar lo que  debíamos hacer. El señor Ricardo estaba mareado y con una taquicardia evidente. En esta situación decidimos llamar por teléfono a su médico del corazón y comentarle lo sucedido, esperando que él nos dijera que tipo de medicamento deberíamos administrarle.

La decisión fue la acertada, porque a indicación del médico se tomó unas pastillas que ya llevaba consigo para casos como aquel, y el día siguiente ya se encontraba bastante mejor, lo que nos permitió continuar el viaje dirección a Alicante, haciendo parada en Calpe para ver el Peñón de Ifach y su puerto pesquero, donde la llegada de un barco arrastrando sus redes repletas de peces hacía revolotear a su alrededor las gaviotas para disputarse los peces que se escapaban.


Después presenciamos la subasta del pescado, en tanto que yo volví a sentir aquellos vértigos que había dejado en Barcelona y con ellos de nuevo mi preocupación, aunque disimulé cuanto pude para no transmitir mi temor a los acompañantes.


Comimos algo tan ligero como unos lenguados a la plancha acabados de pescar y de postres unos helados. El señor nos pidió que le dejásemos en el coche a la sombra un ratito para reposar y nosotros recorrimos todo aquello, en tanto los síntomas de vértigo me fueron desapareciendo para mi tranquilidad y bien del viaje.


Aproximadamente a las cuatro de la tarde salimos para Alicante, donde encontramos alojamiento con facilidad. El señor nos dijo que no quería cenar nada, por lo que, salvo complicación, hasta el día siguiente a las diez. Yo salí a dar un vistazo por los alrededores del hotel, entrando en una cafetería para tomar una cosa ligera. Y mientras lo hacía escuchaba a los vecinos de barra comentar sobre un mitin del PP del que acababa de venir uno de ellos, que entusiasmado decía:

Nos hemos reunido más de 15.000 personas para escuchar a Aznar, Federico Trillo y otros. Mientras otro preguntaba:  Pero ¿esto tú te lo crees?

Hombre –le contesto-

“Yo tengo la obligación de creérmelo porque estoy metido en esto”.


Sepan ustedes que para mi creer por obligación no es razonable, además de resultar poco convincente para los demás.


Al día siguiente andamos por el bonito paseo marítimo de Alicante donde pudimos contemplar,  unos árboles gigantes que nos llamaron la atención, para después dirigirnos a Elche y recrearnos con la visita al “Huerto del Cura”, jardín botánico donde sobresalen las palmeras y los cactus. Siguiendo para Murcia con la intención de comer en el restaurante "Casa Pepe" lo que no  pudimos realizar, no se si porque no había mesa libre o  porque nuestra indumentaria no encajaba en la categoría del establecimiento, parcialmente ocupado, aquel día, por los parlamentarios de la Comunidad Autónoma de Murcia.


Como el señor Siscar dijo a la persona que nos atendió que tenía interés en comer allí porque le traía recuerdos de una comida junto a su esposa y para que nosotros lo viéramos.

 Para satisfacer nuestra curiosidad nos enseñaron las diferentes salas y dependencias  exceptuando la que ocupaba el Gobierno y Parlamento de Murcia, enviándonos para comer a otro establecimiento de Casa Pepe, más  tipo comida rápida.


El recorrido por las principales calles de la ciudad nos ocupó más tiempo del que en principio esperábamos, por lo que nos vimos obligados a acortar el recorrido de tarde y hacer noche en el Puerto de Lumbreras, alojándonos en un hotel cuyos dueños eran muy aficionados al Barcelona Club de Fútbol, a juzgar por la cantidad de carteles que había por las paredes.


Al día siguiente salimos para Almería a la que llegamos a media mañana, alojándonos en el primer hotel al que preguntamos, disponiendo también de aparcamiento  que daba tranquilidad. Salimos a recorrer el Paseo Principal de la ciudad y nos sentamos en uno de los muchos chiringuitos para tomar unas bebidas y descansar un poco. Siguiendo después por el Paseo, terminamos comiendo en un restaurante que como a turistas nos querían tomar el pelo. Se trataba que para amenizar la espera nos sirvieron un aperitivo, con cuatro olivas y poco más, sin que lo hubiéramos pedido y cual fue nuestra sorpresa al verlo incluido en la factura junto a un zumo de naranja que no habíamos tomado.


Al día siguiente bonito recorrido bordeando el mar y haciendo parada para comer en Torre del Mar, siguiendo después hasta Málaga donde nos alojamos, permaneciendo en las habitaciones hasta caída la tarde en que salimos a  la ciudad en un coche de caballos, que recordaba mi viaje de boda,  por lo que les dije:

- Les quiero contar una anécdota de mi viaje de bodas realizado en tren desde Granada, con la coincidencia que en el mismo departamento venía otra pareja de recién casados, frente a  nosotros, y como estas situaciones se notan nos saludamos y confirmamos que ambas parejas hacíamos viaje de bodas. Ellos nos dijeron que no tenían reservas donde pernotar, pero que ya encontrarían algo en Málaga, animándonos que fuéramos juntos para compartir la dicha de lo que los cuatro celebrábamos. Nosotros, por vergüenza, no nos atrevimos a decirles que buscaríamos una pensión, llamada “La Alegría del Barrio”. Así que compartimos  un coche de caballos con la indicación que nos llevara a un céntrico hotel.


Era bonito desplazarnos en coche de caballos por las calles de Málaga dos parejas de enamorados hasta el Hotel Continental, donde un botones nos llevaba las maletas y nos trataba de señores. Las habitaciones con baño y teléfono resultaban un sueño para nosotros que veníamos de un pueblo donde estas comodidades brillaban por su ausencia. Vivíamos un  cuento de hadas cuando nos decían: ¡Pasen los señores al comedor!. Y cuando degustábamos mermeladas y mantequilla que no habíamos visto nunca. Salíamos a pasear con la otra pareja e incluso hicimos una visita a Torremolinos.


Todo marchaba bien hasta que un día comenzamos a hacer cuentas de lo que nos estaba costando aquel sueño, descubriendo que era demasiado caro para lo que nosotros podíamos permitirnos, por lo que decidimos trasladarnos a una pensión donde nuestra ilusión calló por los suelos hasta tal punto que al día siguiente adelantamos el regreso por la costa para visitar las Cuevas de Nerja.


¡Que bonito! -dijo Soledad- Lastima del último día, pero de todos modos ¿quien os quitaba lo bailao?


Mientras yo les contaba aquella anécdota, el coche de caballos seguía recorriendo lo que se enseña a los turistas para dejarnos en una cafetería cerca del hotel donde hicimos una ligerísima cena y a las habitaciones. Sucedió que a la media noche comencé a oír ruido de agua cayendo sin parar y, después de esperar un tiempo prudenciar, llamé por teléfono a conserjería para  decírselo:

La contestación era que en la habitación de arriba había un cliente que no debía despertar.

- Yo también soy cliente y estoy soportando el ruido, además del sentimiento por el agua que se está derramando cuando sufrimos un año de escasez.

Ya veremos que se puede hacer –terminó diciendo- pero el ruido del agua me acompañó todo lo que restaba de noche.


Al día siguiente nos dirigimos a Algeciras donde comimos muy bien a base de pescado y después de comer volvimos atrás con la intención de entrar en Gibraltar, pero eran tantas las personas que esperaban en la Verja que nos hizo desistir de ello, encaminándonos para Cádiz, donde visitamos varios hoteles sin que ninguno de ellos recibiera el visto bueno del Sr. Siscar, por lo que decidió que marcháramos para Jerez, aunque ya era  de noche.

Soledad y yo mostrábamos descontento por la exigencia del Jefe a la hora de aceptar donde quedarnos, aunque sin pronunciar palabra, para después hacernos marchar a la aventura con la noche por compañera.


Como el señor nos veía tan contrariados decidió que parásemos en un garito de carretera de lo más extraño que habíamos visto. La televisión no se podía ver por deficiencia de imagen, la luz eléctrica apenas alumbraba y para comer nada de nada. Eso si, nos dijeron que podíamos acercarnos a una urbanización próxima donde había bares y hamburgueserías.

=Pues vamos –dijo el Jefe- ¡Quien le ha visto y quien la ve! –decíamos nosotros-


El señor se envalentonó de tal forma que parecía que buscaba marcha de bar en bar, desplazándonos entre la obscuridad de la noche. Por fin le pareció bien que nos quedásemos en un bar de juventud para tomar unos sanwis de jamón y queso, y a la hora de pagar, en medio de tantos jóvenes, sacaba el manojo de billetes y, ante el peligro de robo le aconsejé guardar sin hacerme puñetero caso. Parecía como si aquella noche deseara encontrar un desenlace desagradable.


Días después me hacía bromas con aquello de “guarde los dineros que nos pone en peligro a todos”.


Al día siguiente, pasando por Jerez llegamos a Sevilla donde no había alojamiento por estarse celebrando la Feria de Abril en los primeros días de mayo.


Como en Málaga nos había ido bien repetimos el paseo en coche de caballos por los lugares más típicos como: cerca de La Giralda, el Parque de María Luisa, la Torre del Oro y L Giralda, por lo que recité:


En Sevilla un Usurero

Se tiro de la Giralda

Y al contemplar el suceso

Dijo una gitana.

¿A que no saben ustedes porque se tiro el Usurero?

¿Por qué? Dínoslo tú. ¿Por qué?

Porque desde aquella altura

Vio una peseta en el suelo.


Preguntado al cochero por un buen establecimiento para comer, nos aconsejaba uno que decía estar muy cerca, pero el Jefe quiso saber más preguntando:

= ¿Sabe usted si tienen carta?

Lo que yo se –contestó el cochero- es que tienen buena comida: Paella, pescadito frito…y que la carta no se come.


No comimos donde nos aconsejaba el cochero, pero en otro establecimiento terminamos comiendo bien. Y finalmente nos desplazamos a Córdoba para dormir.


De la ciudad de Córdoba destacamos la visita a la Mezquita, para marchar dirección a Ciudad Real con parada para comer en Valdepeñas, tierra de viñas y vinos donde los haya, cuyos organismos competentes trabajan por hacer vinos de la calidad que el consumidor actual demanda y la consolidación de un prestigio que les permita una exitosa comercialización.


La diferencia de temperaturas con Jerez, tierra de otros vinos, nos lo indica que  mientras en Jerez ya estaban brotadas, por las llanuras de la Mancha aún permanecían en el sueño invernal.


En Ciudad Real hicimos noche y el recorrido por ella no nos recuerda nada que merezca ser destacado, quizá porque no lo supimos ver o por que no exista lo que a los visitantes gusta mirar. Y reanudamos el viaje para Toledo, ciudad de raigambre castellana por sus edificios y sus gentes, aunque  sólo visitamos las calles más céntricas y contemplamos sus edificios  emblemáticos, que  recuerdan su pasado esplendoroso.


El desplazamiento a Madrid con parada en un restaurante de carretera, en el que se veían camiones aparcados, por aquello que se dice: “donde paran muchos camioneros es buen sitio para comer”, aunque en algunos de estos establecimientos tienen comedores separados y a los no camioneros nos indican a donde está algo mejor presentado, pero a precio más elevado. Allí comimos bien y a precio razonable.


La estancia en Madrid responde a lo que se contó del viaje anterior e igual diremos de Zaragoza, resaltando de esta última parte del viaje una comida en Calatayud y otra realizada en La Panadella, próximos a Barcelona, donde comimos las típicas judías con butifarra.


Otra vez en Barcelona pasaban los días de forma similar a lo realizado anteriormente y, uno de aquellos días, después de bajar por la Vía Layetana, el semáforo para cruzar el Paseo de Isabel II a la altura de la Plaza Antonio López permanecía en rojo más tiempo de lo normal, lo que nos obligó a una parada prolongada teniendo frente a nosotros una escultura que sugirió al Jefe la siguiente pregunta:

= ¿Usted me sabría explicar que representa esa figura?

- Pues así a bote pronto no se que decir, pero si lo pienso un poco es algo moderno situado en ese lugar para llamar la atención de cuantos pasamos por aquí. Tengo entendido que su nombre es: “Cabeza de Barcelona”.

= Usted bien sabe que las cosas tan modernas, que no se sabe lo que son a mi no me gustan.

- Yo creo que hay más gente de la que parece que piensan como usted, pero por no pasar por antiguos y poco inteligentes no se atreven a decirlo, como pasaba en el cuento en que todos veían al Emperador desnudo tal cual estaba, pero no se atrevían a decirlo por temor a que los creyeran tontos, ya que se había anticipado que para ver aquel traje se había de ser inteligente.

= A mí sencillamente no me gustan las cosas que no representan algo conocido.

- Usted también sabe que quienes escalan el pedestal de genios, cualquier cosa que hagan puede ser calificada de obra de arte.



 en La Panadella, próximos a Barcelona, donde comimos las típicas judías con butifarra.




Otra vez en Barcelona pasaban los días de forma similar a lo realizado anteriormente y, uno de aquellos días, después de bajar por la Vía Layetana, el semáforo para cruzar el Paseo de Isabel II a la altura de la Plaza Antonio López permanecía en rojo más tiempo de lo normal, lo que nos obligó a una parada prolongada teniendo frente a nosotros una escultura que sugirió al Jefe la siguiente pregunta:

= ¿Usted me sabría explicar que representa esa figura?

- Pues así a bote pronto no se que decir, pero si lo pienso un poco es algo moderno situado en ese lugar para llamar la atención de cuantos pasamos por aquí. Tengo entendido que su nombre es: “Cabeza de Barcelona”.

= Usted bien sabe que las cosas tan modernas, que no se sabe lo que son a mi no me gustan.

- Yo creo que hay más gente de la que parece que piensan como usted, pero por no pasar por antiguos y poco inteligentes no se atreven a decirlo, como pasaba en el cuento en que todos veían al Emperador desnudo tal cual estaba, pero no se atrevían a decirlo por temor a que los creyeran tontos, ya que se había anticipado que para ver aquel traje se había de ser inteligente.

= A mí sencillamente no me gustan las cosas que no representan algo conocido.

- Usted también sabe que quienes escalan el pedestal de genios, cualquier cosa que hagan puede ser calificada de obra de arte.



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