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miércoles, 10 de junio de 2015

MARGARITA Y LOS PAJARILLOS(Cuento)

MARGARITA Y SUS PAJARILLOS
En un pueblo muy olvidado, los niños tenían la costumbre de  buscar nidos.
Un día de junio, Margarita y Manolito, salieron  a buscar nidos por arbolados distintos.
Margarita    empezó por visitar sus tres nidos: El  de alcaudón  tenía dos huevos,  el de mirla que había pajarillos y  el  de ruiseñor con  cuatro huevos.  
  Manolito  había visto todos sus nidos y, como no encontraba ninguno más, volvió al pueblo.  Pero Margarita seguía buscando sin darse cuenta que se estaba alejando demasiado.
Sus padres, cuando llegaba la hora de la cena y aun no había regresado,  fueron a la casa de Manolito para preguntarle, pero Manolito les dijo que ella se fue por otro camino y no la volvió a ver.
Los padres de Margarita, muy preocupados, acudieron a la Iglesia para que repicaran las  campanas pidiendo ayuda a los vecinos.
Todo el pueblo salió a la plaza y enterados que Margarita no había regresado, salieron a buscarla  con faroles y linternas.
Pero unas horas después volvieron sin haber encontrado a Margarita y la preocupación aumentaba en todos y más en los padres que no paraban de lamentarse.
  Al día siguiente llegó al pueblo un hombre vestido de harapos  diciendo que había oído llantos en el bosque.
Los vecinos salieron de nuevo a buscar a Margarita y, cuando se adentraron en el monte,  escucharon los llantos de que había hablado el hombre de los harapos y aquello fue la pista para encontrarla atrapada en una trampa para  cazar lobos.  
Margarita había llorado tanto, en aquel foso, que tenía empapado de lágrimas todo el vestido y hasta los calcetines. Pero sólo tenía un golpe en la cabeza de la caída en la trampa y el cansancio de toda una noche y parte del día llorando y llorando.
Después que la sacaron de la trampa regresó al pueblo con sus padres que se pusieron muy contentos por haberla encontrado.
A partir de aquel día no se permitía a los niños ir solos al monte hasta que un día Margarita y otros niños y niñas fueron a ver sus nidos acompañados por sus padres. Los padres de Margarita al ver los pajarillos tan bonitos cogieron uno  del nido de alcaudón y otro del nido de ruiseñor y los metieron juntos en una jaula.
Los dos pajarillos se pusieron tan tristes que no comían nada de lo que le ponían en la jaula y sólo pensaban en sus hermanitos y sus  padres.
Pasaron cinco días y los pajarillos se estaban quedando muy delgados por no comer, pero un gorrión que los veía tan tristes emprendió el vuelo hasta donde estaban los padres de ambos pajarillos, lamentándose porque habían desaparecido sus hijitos.
El gorrión les contó donde estaban sus hijos encerrados, muy tristes sin comer. Los padres se llenaron el pico de cigarrones y emprendieron el vuelo junto al gorrión y en poco tiempo estaban dando de comer a sus hijitos.
A partir de aquel día todas las mañanas, los padres, volaban hasta el pueblo con comida para sus pequeños que crecían y crecían, aunque seguían muy  tristes por no poder salir de aquella cárcel.
Margarita pasaba parte del día mirando sus pajarillos y  se sentía triste como ellos, recordando que por su culpa, sus pajarillos estaban encerrados.
Los días pasaban con la rutina de los pájaros trayendo comida a sus hijos y Margarita triste por lo que estaba sucediendo.
Una noche, que no podía dormir pensando en sus pajarillos, decidió levantarse para liberarlos pero  cuando estaba a punto  de hacerlo se presentó su padre gritando a Margarita por haberse levantado aquella hora de la noche y por querer abrir la jaula de los pájaros.
A partir de aquel día Margarita comenzó una huelga de hambre y decía que no volvería a comer hasta que sus pajarillos  fueran liberados.
Su padre se puso duro con ella, pero la decisión de Margarita era que estaba dispuesta a morir por salvar a los pajarillos.
Pasaron diez día sin que margarita probara bocado y se estaba quedando muy flaca.
La maestra vino a ver por qué llevaba tantos días sin aparecer por la escuela y los padres le dijeron que Margarita estaba pasando un tiempo en casa de una prima suya.
La maestra contó a las demás niñas lo que le habían dichos los padres de Margarita, pero algunos de ellos no se lo creyeron.
Y al final del colegio, Carmelita, una de las   amigas, rondaba la casa de Margarita y tubo la suerte de verla por la ventana y avisó a la maestra.
Un poco más tarde, la maestra se presentó en la casa de Margarita y después de comprobar la situación en que se encontraba dijo a los padres que si no se ponía fin a la huelga de hambre, su hija podía morir.
El padre de Margarita prometió a la maestra  que el día siguiente, soltaría a los pájaros para que se fueran con sus padres.
A pesar de la promesa de su padre Margarita siguió sin comer hasta que los pajarillos fueron liberados y se despidió de ellos que marcharon con  volando y cantando.     

Y colorín Colorao. Este cuento se ha acabao.

Cuento de Tomás Martín Cifuentes

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